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Cómo evaluamos cada marca antes de que llegue a Balú


Si nos sigues en Instagram viste la historia destacada “Filtros vet”: tres pasos, una veterinaria firmando cada evaluación, y al final la promesa de que aquí íbamos a contarte el criterio completo. Esto es eso. Sin resumir, sin dejar nada en el tintero.

Por qué existe un filtro

Podríamos tener cien marcas en Balú. Sería más fácil de vender y más rápido de armar. No lo hacemos porque esa no es la propuesta.

Tú ya sabes que “natural” en una bolsa no dice nada. Que “premium” tampoco. Que una marca puede tener una foto bonita de un perro feliz en el empaque y por dentro estar llena de relleno barato disfrazado de ingrediente funcional. El mercado colombiano de alimento natural creció rápido, y creció sin que nadie estuviera revisando con lupa lo que había detrás de cada etiqueta.

Nuestro trabajo en Balú no es venderte comida. Es decirte en cuál confiar. Y para eso necesitábamos algo más serio que “nos gustó el empaque”: un sistema con criterios fijos, que se le aplica igual a la marca grande y a la pequeña, y que una misma persona revisa producto por producto.

Cada alimento que evaluamos pasa por tres filtros, en orden. Si no pasa el primero, ni siquiera llega al segundo. Muchas marcas se quedan en el camino. Por eso el catálogo de Balú es más corto que el de un supermercado de mascotas, y por eso, si tu marca favorita no está, probablemente la razón está en uno de estos tres filtros.

Filtro 1: Regulatorio

La primera pregunta no es nutricional. Es más básica: ¿esto es legalmente un alimento para perro, declarado como lo que dice ser?

Registro ICA vigente. El ICA es la autoridad colombiana que registra plantas y productos de alimento para animales. Un registro ICA vigente significa que la planta que fabrica ese alimento fue inspeccionada y que el producto está autorizado para venderse como alimento animal en el país. No es un trámite de forma. Es la diferencia entre un fabricante que responde ante una autoridad y uno que no. Si una marca no tiene el registro, o lo tiene vencido, no seguimos evaluando el resto de la ficha: se detiene ahí.

Declaración de completo y balanceado bajo un estándar reconocido. AAFCO, FEDIAF o ICA son los tres marcos bajo los cuales un alimento puede declararse “completo y balanceado” para perros: es decir, que cubre por sí solo las necesidades nutricionales del animal, sin que el dueño tenga que añadir nada más. Que una marca diga “balanceado” en el empaque no es lo mismo a que lo declare formalmente bajo uno de estos estándares. Lo primero es marketing. Lo segundo es una afirmación con respaldo técnico detrás.

Etapa de vida declarada. Cachorro, adulto, senior, o “todas las etapas”. Un cachorro en crecimiento y un adulto sedentario no tienen los mismos requerimientos, sobre todo en calcio y fósforo. Si el alimento no dice para quién es, no podemos recomendarlo con la tranquilidad de que le sirve al perro específico que tienes en casa.

Kcal y análisis garantizado en la etiqueta. Esta es la que más filtra. El análisis garantizado es la tabla obligatoria que debe traer proteína, grasa, fibra y humedad. Y sin las kilocalorías declaradas (por kilogramo o por 100 gramos) no hay forma de calcular cuánto darle a tu perro. Podemos tener el mejor alimento del mercado, pero si no sabemos su densidad energética, no podemos convertir eso en una porción diaria real, ajustada a tu perro y no a un genérico de bolsa. Es la razón técnica más simple: sin ese número, la evaluación se detiene ahí, sin importar qué tan buenos se vean el resto de los ingredientes.

Un alimento que pasa este filtro no es automáticamente bueno. Solo significa que es legítimo y que tiene la información mínima para seguir siendo evaluado en serio.

Filtro 2: Nutricional

Aquí es donde miramos los números, no la promesa del empaque.

Proteína, pero por caloría, no por porcentaje en bolsa. Este es el punto que más confunde a la gente que lee etiquetas. Un 25% de proteína en un alimento húmedo, con 70% de humedad, no significa lo mismo que un 25% en un alimento seco con 10% de humedad. El agua diluye el porcentaje. Por eso no comparamos el número de la bolsa: comparamos cuánta proteína hay por cada caloría que el perro efectivamente va a consumir. Es una forma de medir que no se deja engañar por cuánta agua tiene el producto.

Grasa y carbohidratos sobre materia seca. Igual que con la proteína, medimos grasa y carbohidratos (lo que en las fichas técnicas se ve como ELN, el extracto libre de nitrógeno) quitando el agua de la ecuación. La grasa aporta energía y sostiene piel y pelaje, pero en exceso empuja la densidad calórica más de lo que un perro promedio necesita. Los carbohidratos cumplen una función, pero cuando ocupan una proporción demasiado alta del alimento, suele ser una señal de que ahí es donde está el relleno barato, no el ingrediente que el empaque destaca.

Densidad energética. Cuántas calorías trae cada kilo de producto. Importa porque de ahí sale directamente el tamaño de la porción: un alimento muy calórico rinde menos gramos por comida, y uno con baja densidad energética puede obligar a servir porciones enormes para cubrir el requerimiento del perro. Ninguno de los dos extremos es ideal por sí solo; depende del perro, pero tiene que estar dentro de un rango razonable.

Relación calcio:fósforo. Este dato es especialmente decisivo en cachorros, donde un desbalance entre calcio y fósforo puede afectar el desarrollo óseo. En adultos importa un poco menos, pero seguimos revisándolo porque cambia si un alimento es apto para todas las etapas o no.

Fibra, humedad y perfil de aminoácidos. Completan el panorama: la fibra afecta la digestión y la sensación de saciedad, la humedad nos dice qué tan concentrado está el alimento, y el perfil de aminoácidos nos indica si esa proteína es de calidad completa o si le faltan piezas esenciales.

Todo este filtro se calcula en base seca, es decir, quitando el agua de cada número antes de compararlo. Es la única forma honesta de poner uno al lado del otro un alimento húmedo con 70% de agua y uno seco con 10%. Sin esa conversión, cualquier comparación entre un croqueta y un alimento fresco es, literalmente, comparar peras con manzanas.

Filtro 3: Clean Label

Si el alimento pasó los dos primeros filtros, entra a la revisión de etiqueta limpia. Aquí no miramos números: miramos honestidad.

Este filtro tiene seis criterios, y evaluamos cada uno de forma independiente:

Fuente de proteína específica. No es lo mismo decir “carne de pollo” que decir “proteína animal”. Lo primero es trazable. Lo segundo puede significar cualquier cosa, y en un perro con alergias o intolerancias esa vaguedad es un problema real, no un detalle de forma.

Orden de ingredientes coherente. Los ingredientes se listan de mayor a menor cantidad. Si el orden en el empaque no cuadra con lo que dice el análisis garantizado —por ejemplo, si la proteína aparece primero en la lista pero el análisis muestra un porcentaje bajo— es una señal de que algo no está bien declarado.

Fabricante y planta identificables. Buscamos saber quién hace el alimento y dónde. Una marca puede tener una identidad bonita en redes sociales y, detrás, un fabricante anónimo del que no hay forma de verificar nada.

Sin colorantes ni aditivos de más. Los colorantes en alimento para perro casi nunca están ahí por el perro: están ahí para que el dueño lo vea más apetitoso en la bolsa. Revisamos si hay aditivos que no cumplen una función nutricional clara.

Marketing con respaldo técnico. Si el empaque hace una afirmación (“mejora la digestión”, “fortalece el sistema inmune”) buscamos si hay algo detrás de esa frase: un ingrediente funcional en cantidad relevante, no solo la palabra puesta ahí porque suena bien.

Trazabilidad verificable. Que exista un canal real para hacer preguntas técnicas sobre el producto, no solo una cuenta de Instagram que responde con emojis.

Cada uno de estos seis criterios se califica, y basta con que uno solo falle gravemente para que el producto quede fuera, sin importar qué tan bien le haya ido en los otros cinco.

Una aclaración importante: esto no es una certificación que Balú otorgue aun, ni algo que las marcas tengan por defecto solo por ser “naturales”. Lo que hacemos es revisar si la marca podría cumplir con el estándar que exige un sello internacional como el Clean Label Project, que audita precisamente este tipo de honestidad en el etiquetado. No estamos otorgando ese sello, estamos usando su rigor como referencia para decidir en quién confiar nosotros.

El resultado: qué significan los tres estados

Después de los tres filtros, cada producto queda en uno de tres estados. Esto es lo que significan para ti como comprador:

Aprobado. El alimento pasó los tres filtros sin banderas importantes. Entra al catálogo y lo recomendamos con confianza para el perfil de perro que le corresponde.

Con observación. El alimento es sólido, pero tiene algo que preferimos que sepas antes de decidir: puede ser un ingrediente que conviene vigilar en ciertos perros, una densidad calórica que exige más cuidado con la porción, o un dato que la marca no declaró del todo. Lo seguimos recomendando en los casos donde tiene sentido, y te explicamos por qué.

No incluir. No lo vas a encontrar en Balú. Puede haber fallado un filtro técnico, o puede ser una decisión nuestra por inconsistencias que no logramos resolver con la marca, aunque en el papel cumpliera lo mínimo. Preferimos quedarnos cortos en catálogo que recomendarte algo en lo que no confiamos del todo.

Quién firma cada evaluación

Todo este proceso lo lleva Isabel Montoya, veterinaria con máster en nutrición animal. Cada ficha técnica que ves reflejada en una recomendación de Balú pasó por su revisión, producto por producto, no por un algoritmo que lee una etiqueta y listo.

Si tu marca favorita no está

Puede que hoy no la tengamos evaluada, no que la hayamos descartado. Escríbenos por WhatsApp o mándanos un DM en Instagram con el nombre de la marca y, si tienes, una foto de la etiqueta. La metemos en el proceso y te contamos en qué quedó: aprobada, con observación, o por qué no la vamos a incluir.

Eso es todo el criterio. Sin cifras exactas de la matriz, porque esas son nuestras y preferimos protegerlas, pero con cada pregunta que nos hacemos antes de decirte “esta sí” o “esta no”.

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